La educación primaria mendocina inicia una etapa de redefinición pedagógica con un objetivo claro: acompañar mejor las trayectorias reales de cada estudiante. A partir de 2026, primero y segundo grado dejarán de organizarse como una unidad pedagógica cerrada y volverán a funcionar como años escolares diferenciados, con seguimiento y acreditación propios.
Así lo establece la nueva resolución de la Dirección General de Escuelas de Mendoza (Resol-2025-6970-GDEMZA-DGE), que comenzará a aplicarse con los niños y niñas que ingresen a primer grado en el próximo ciclo lectivo. La decisión marca un cambio relevante en la forma de pensar los aprendizajes iniciales del nivel primario.
Durante los últimos años, la unidad pedagógica funcionó como criterio organizador del Primer Ciclo, entendiendo a primero y segundo grado como un proceso continuo. Con la nueva normativa, cada grado recupera su entidad pedagógica propia. Esto permitirá evaluar, acreditar y acompañar los aprendizajes año por año, con mayor precisión y responsabilidad institucional.
El propósito central es fortalecer las trayectorias escolares, garantizando que todos los estudiantes alcancen aprendizajes efectivos, significativos y de calidad en cada etapa. Quienes logren los niveles esperados al finalizar el año avanzarán normalmente al grado siguiente. En los casos en que aparezcan dificultades, las escuelas deberán desplegar estrategias de acompañamiento sostenido a lo largo de todo el ciclo lectivo.
La resolución pone especial énfasis en el acompañamiento pedagógico continuo, con foco en la alfabetización en lengua y matemática. Las instituciones estarán llamadas a implementar dispositivos de apoyo, refuerzo e intervención temprana, utilizando todos los programas y recursos disponibles para responder a las necesidades concretas de cada estudiante.
Solo cuando, pese a haber transitado todas las instancias de enseñanza y apoyo durante el año, los saberes no se hayan consolidado, los alumnos participarán de los períodos de intensificación previstos en diciembre, febrero y/o marzo. El objetivo no es sancionar la dificultad, sino generar nuevas oportunidades reales para afianzar los aprendizajes pendientes.
Este reordenamiento del nivel primario no se da en el vacío. Se apoya en un trabajo sostenido en el Nivel Inicial, donde las políticas jurisdiccionales de alfabetización temprana han fortalecido las prácticas pedagógicas en todos los jardines. La definición de aprendizajes base y orientaciones metodológicas comunes permitió alinear los proyectos institucionales y construir una base sólida desde los primeros años.
A esto se suma la ampliación progresiva de la escolarización temprana —especialmente en sala de 3 años—, una decisión clave para prevenir rupturas y fragmentaciones futuras en las trayectorias educativas.
La medida reafirma una concepción de la escuela primaria que acompaña, interviene a tiempo y cuida las trayectorias escolares, colocando a los aprendizajes en el centro de la escena. El nivel primario vuelve a ser reconocido como un tramo estratégico del sistema educativo, con la responsabilidad concreta de garantizar los saberes esenciales.
Lengua y matemática aparecen, una vez más, como pilares irrenunciables para que los estudiantes ingresen al nivel secundario con las herramientas necesarias. De esa base depende no solo la continuidad educativa, sino también la posibilidad de que cada niño y niña desarrolle al máximo sus capacidades y amplíe sus horizontes de participación plena en la sociedad.
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