Mateo Conte descubrió la literatura por accidente, o por destino. Tenía apenas doce años cuando encontró, sobre la mesa de luz de su padre, dos libros que no parecían escritos para un chico de su edad: La senda del perdedor, de Charles Bukowski, y 1984, de George Orwell. Aquellas primeras páginas fueron más desconcierto que comprensión: frases ásperas, mundos opresivos, personajes derrotados. Sin embargo, algo quedó vibrando. No entendía todo, pero intuía que allí había una intensidad que valía la pena perseguir. LEER TODA LA BIO
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