¿Equivale la fama al éxito personal? ¿Es la obsesión beneficiosa si terminas logrando tus objetivos?
En 1982, Martin Scorsese, quien ya venía de dirigir grandes películas con Robert De Niro como lo son Taxi Driver y Raging Bull, dirigió El rey de la comedia (The King of Comedy), la cual fue un fracaso en taquilla para luego ser considerada una película infravalorada. Esta es también, en mi opinión, profética por los temas que expone.
Rupert Pupkin es un aspirante a comediante que sueña con volverse famoso. Él está convencido de que tiene talento y desea aparecer en el programa del famoso conductor Jerry Langford. Cuando no logra entrar mediante métodos convencionales, decide forzar la situación. Parece una premisa simple, pero la película es, en realidad, inquietante bajo la superficie, siguiendo el descenso desde el entusiasmo ingenuo hasta la peligrosa obsesión.
La película refuerza esta inquietud con la genial actuación de Robert De Niro, quien interpreta a Pupkin no de manera intimidante, carismática ni brillante, sino de forma incómoda e incluso patética, provocando vergüenza ajena en ocasiones. Esta sensación también se respalda en la cinematografía y el trabajo de cámara: frío, silencioso, sin epicidad ni romanticismo, mostrando a menudo extensos planos en los que solo destaca Rupert dentro de un escenario carente de personas. Un gran ejemplo de esto es la escena en la que Rupert practica su rutina frente a una imagen de gente riendo, mientras la cámara retrocede y el sonido de risas enlatadas ensordece al espectador.
Hoy en día vemos la obsesión con la fama en las redes sociales, donde la gente busca visibilidad de la misma forma que Rupert: a toda costa. Como muchos, Rupert no quiere mejorar su talento; quiere reconocimiento. La identidad se basa únicamente en la fama, incluso si no hay mérito detrás, y hay personas dispuestas a sacrificar su integridad, su reputación e incluso a arriesgar su vida por ello.
Si bien el personaje de Rupert es inquietante e incómodo, también es innegablemente humano. Rupert vive en una fantasía en la que el éxito es inevitable debido a su supuesto talento, e imagina entrevistas y conversaciones, viviendo una vida en la que ya triunfó. Muchos se apresuran a juzgarlo, pero este es un mecanismo de defensa humano muy común. Cuando la realidad es frustrante, uno se ve muy tentado a refugiarse en otra realidad, una en la que la vida sea mejor. Rupert no está loco, pero vive engañado, y la película muestra los peligros de la fantasía sin avillanar ni justificar a su protagonista.
La cultura del espectáculo y el cinismo mediático también son temas centrales de esta película, especialmente al final. Rupert viola la ley, y así es como consigue lo que quiere: fama. Es encarcelado por un tiempo, pero luego su libro se convierte en un éxito y obtiene su propio programa. Esto es una crítica de cómo se usa el escándalo para mantener el sistema vigente, para atraer más espectadores y producir más dinero, sin importar las implicaciones éticas o legales de lo sucedido. Mientras genere beneficios, es aceptado.
La película es, en conclusión, una gran comedia negra y una sátira que debe ser vista como tal. No es solo una crítica, sino también un reflejo, y más aún en estos tiempos. Te deja esta pregunta: ¿el éxito valida el comportamiento?


